Querida Elena, hoy no puedo dormir, solo puedo observar y volver a observar a mi hijo y llorar… pero ahora de felicidad. Y recordar desde la primera ecografía, donde ni aún se
veía latir el corazón, hasta otras muchas que vinieron después y que me fueron colmando de felicidad.

Muchas gracias por todo, por un día decidir dedicarte a ayudar a familias cómo la mía, por ser ante todo una gran profesional, por rodearte de personas como Pilar, por no sólo mirar, sino ver, y por tantas cosas más.